El presidente de Sudán, Omar Hasan al Bachir, pidió ayer a los países participantes en la Cumbre de la Liga Árabe que se celebra en Do-ha (Qatar), que rechacen la orden de arresto contra él del Tribunal Penal Internacional (TPI) por crímenes de guerra. Al Bachir llamó a los líderes árabes a tomar una decisión "fuerte y clara" en rechazo de la acusación y que propongan su supresión.

ONG fuera de Sudán

Asimismo, el líder sudanés reafirmó su decisión de expulsar a trece ONG de Sudán, poco después de que el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki.-moon, le pidiera que diera marcha atrás a esta medida, e insistió en que estas organizaciones habían entregado falsos informes al TPI.

Aunque así fue, no hacía falta que el presidente sudanés pidiera el amparo de sus colegas árabes. Ya el domingo, Gadafi lanzó un torpedo de los suyos al calificar de «nuevo terrorismo mundial» a la CPI. Esa fue la línea seguida en la cumbre, cuyos asistentes dijeron que «la decisión de la CPI contra el presidente Al-Bachir crea un peligroso precedente por ir contra un presidente en ejercicio».
Al-Bachir llegó a Qatar tras visitar en los últimos días Eritrea, Egipto y Libia, en lo que muchos califican un claro reto a la CPI, que lo busca por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.
El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, estaba presente ayer en la cumbre y pidió a Al-Bachir desde la tribuna que deje regresar a las ONG que, como reacción a su orden de arresto, ha expulsado de la región de Darfur, donde desde 2003 han muerto unas 300.000 personas.
Pero la unanimidad en torno a Al-Bachir no evitó que en Qatar, donde no estaban los jefes de Estado de Egipto, Argelia, Marruecos, Omán e Irak, se evocaran otras cuestiones que mantienen a la gresca a los árabes, como el proceso de paz palestino-israelí.
Egipto, que no ofreció ninguna versión oficial sobre su decisión de no viajar, ha acusado en varias ocasiones a Qatar por sus críticas vertidas contra su Gobierno por su manera de afrontar la crisis palestina. Sin embargo, la iniciativa no fue secundada por sus principales aliados, los reyes de Jordania y Arabia Saudí, que finalmente optaron por acudir a Doha.
En medio de los discursos en favor de profundizar en la reconciliación, el líder libio, Muamar al Gadafi, protagonizó un desplante al monarca saudí Abdala Bin Abdelaziz, por cuya Casa Real mantiene una tradicional aversión, y abandonó la sala, después de interrumpir el turno de intervenciones. Sin embargo, tras el incidente ambos dirigentes se reunieron en un intento de rebajar las tensiones.
Al margen de estas disputas, que no se terminarán con la cumbre, los dirigentes árabes hicieron hincapié en la necesidad de solidarizarse con Al Bashir, a pesar de que el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki moon llamó a superar las tensiones surgidas por la decisión de la CPI.
El pasado 4 de marzo, el tribunal de La Haya emitió una orden de detención contra el presidente sudanés por considerar que puede estar implicado en crímenes de lesa humanidad cometidos durante el conflicto armado de la región de Darfur, que estalló en enero de 2003 y en el que han muerto 300.000 personas, según la ONU.
En represalia, Al Bashir ordenó la expulsión de 13 ONGs, medida a la que hizo referencia ayer Ban Ki moon, que pidió al jefe de Estado de Jartum que revisara dicha decisión.

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